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| Extremeños
en la Panáfrica Un grupo de amigos prepararon un viaje de 10 días a Marruecos con sus quads, entre ellos José Mª Barroso Sanandrés. Un camión y sus máquinas, entre ellas su Yamaha WR 450 por si acaso era necesario utilizarla, se adentraron en el país africano con la intención de disfrutar y si era posible ver el paso de la Panáfrica. Inician su aventura sin problemas de ningún tipo, incluso su paso por la frontera y el viaje en camión es de lo más placentero, sin tener que pagar los "peajes" a la gendarmería marroquí, aunque la vuelta no sería igual. Marchan ya por el desierto montados en sus quads por los mismos sitios que en la Semana Santa pasada, con la diferencia de que, en su anterior viaje, vieron vehículos de todo tipo y en esta ocasión deambulaban sólos por la inmensidad. Llegaron a ver algo inusual en el desierto, la lluvia. Convirtiendo la arena en ese suelo que nos gusta tanto. Preguntaron a los pocos lugareños que se encontraron sobre la Panáfrica pero nadie les supo decir nada al respecto. Continuaron por los tracks que ellos sabían eran de la prueba hasta que, palabras textuales, vieron dos misiles tierra-tierra volando por la arena. ¡Esos son!. Y efectivamente, eran ellos. Nuestro común amigo Alí Taraj, a la postre ganador de la prueba, junto a un rival encabezaban la caravana de esta prueba. Ven que Alí se para y este, al ver las banderas de los quads de Barroso y compañía se acerca comentándoles que está sin batería. Tras unas fugaces miradas los extremeños ofrecen a Alí una batería de las suyas. -¿De verdad?, ¿en serio?, ¡gracias! amigos. Cambiaron la batería sin pensar como volverían ellos pero la de Taraj les duró, aunque por si acaso, se fueron por carretera preveiendo el posible remolque. Cuando llegaron al final de la etapa nuestros amigos ya eran famosos en la prueba y a partir de este momento, tanto pilotos como organización, les consideraron unos más de la Panáfrica, de hecho sus nombres aparecen en el listado de la clasificación final de la prueba que la orgánica remitió a la revista Quads & Jets. A partir de aquí, nos comenta Barroso, las vivencias fueron increibles. Vieron llegar, a eso de las 2 de la madrugada, a un padre y un hijo con unos 60 y unos 38 años respectivamente, montados en sus motos de ¡TRIAL!. El hijo lleva a sus espaldas la friolera de seis Dakar con su moto de enduro, en una de ellas llegó a pasar dos días sólo en el desierto esperando a que le recogieran. Pues bien, la historia de estos personajes se remontaba al paso del Atlas, en vez de rodear la cordillera optaron, por eso las motos de trial, en cruzarlo ahorrando el tiempo que en el desierto deberían perder. Padre e hijo inician la ascensión sin problemas pero el descenso es complicado y sin posiblidad de volver a subir, sólo tenían un camino, la bajada. En esas andaban cuando la moto del padre se avería. Ante la imposibilidad de volver en moto el hijo opta por cruzar el Atlas andando, quedándose el padre una noche y un día en la falda sur de la cordillera, sólo, sin más compañia que las dos motos.
Al día siguiente vuelve el hijo con la pieza necesaria para la reparación de la moto de su padre continuando hasta llegar, al cabo de otra jornada, de madrugada al vivac de la prueba. No terminaron aquí las aventuras de estos extremeños. Con la acción anteriormente citada de la batería se granjearon la amistad y el respeto de todos los miembros de la prueba, pilotos y organización, y esta les compensó invitándoles a continuar la prueba, facilitándoles el road book de la misma con todos los tracks y way points. Al final fue la misma organización los que les indicaban las rutas y les invitaban a seguirles para eliminar problemas y que no se encontraran sólos en el desierto. Toda buena acción lleva una compensación. Una vez sintiéndose unos más de la prueba continuaron con sus aventuras y anécdotas. La noche siguiente, y paseando por las cocheras de reparación, ven que Taraj vuelve a tener problemas. Una alambrada inesperada en mitad del desierto le hizo clavar frenos e iniciar una rápida secuencia de reducción de marchas, dando como resultado la avería de su caja de cambios. Alí Taraj, al lado de su máquina ya en el vivac nocturno, comentaba que le daba igual terminar ahí su carrera, daba por buena la rotura ya que detrás de él iba un endurero con su moto y el cable estaba a la altura del cuello del motero. Así que con su acción salvó a un compañero de algo peor. El endurero terminó por los suelos al ver la maniobra de Alí y darse cuenta a tiempo de la ubicación de la alambrada. Alí de pilotar quads sabe bastante pero de reparaciones nada de nada. Su único mecánico comentaba que no le daría tiempo a reparar la avería. Pues nada, nuestros amigos don benitenses se remangaron y manos a la obra. Por la mañana Taraj tenía su quad listo para otra etapa. Así que podemos decir que la victoria de Alí en la Panáfrica tiene mucho de extremeña. Un café con mi amigo Barroso a dado como resultado este artículo, sus ojos me daban a entender las vivencias en Marruecos y sus explicaciones me decían lo que es el enduro, aunque se haga en quad, sufrimiento, compañerismo, amistad y disfrute de unos espacios que el 99% de la población nunca tendrán oportunidad de contemplar. Un abrazo José María.
Ángel Casco
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